EFICIENCIA ENERGÉTICA (EDIFICACIÓN COLECTIVA)

El gasto energético en nuestro país se ha incrementado fuertemente. Según el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía (AIE) en su estadísticas de energía de países de la OCDE, Chile ha dado paso de un consumo anual per cápita de 776Kw en el año 1971 a 3.912Kw en el 2014 (ver aquí). Esta tendencia, que es también mundial, ha transformado el gasto energético en un tema central a todo nivel. Sin entrar a analizar la existencia, o no, de una crisis energética a nivel mundial que justificara preocupación, siempre debemos enfrentar el uso de la energía con responsabilidad y esa es nuestra tarea, no otra. Aunque los ámbitos que componen una política de gasto energético eficiente son múltiples, me centraré en edificios de vivienda colectiva y su gasto en iluminación, dejando de lado otras importantes variables por analizar.

NOCTURNA-NASA-ILUMINACIONNASA Earth Observatory images by Joshua Stevens, using Suomi NPP VIIRS data from Miguel Román, NASA’s Goddard Space Flight Center. Imagen obtenida en: www.nasa.gov.

LA ARQUITECTURA SÍ IMPORTA EN UN GASTO ENERGÉTICO EFICIENTE

Los edificios de vivienda son organizaciones funcionales que agrupan una serie de unidades independientes (departamentos) que se organizan en torno a un sistema de circulaciones que es el esqueleto funcional del edificio. No sería arriesgado afirmar que la gran mayoría de los proyectos inmobiliarios están diseñados utilizando un sistema de agrupación basado en circulaciones horizontales por piso (que son los pasillos), las que se conectan entre sí, y con el suelo urbano, mediante ascensores y escaleras. Esencialmente este modelo no es malo y puede llegar a ser muy eficiente en algunos casos, sobre todo, cuando en la agrupación se utilizan departamentos tipo dúplex, generando sólo un pasillo por cada dos pisos. La gran debilidad del modelo es que, cuando se construye considerando dos departamentos por lado, algo también bastante usual, es muy fácil encontrar el espacio de circulación denigrado al peor de los niveles, privándolo de iluminación natural y relegándolo a una condición de residual, como si aquel espacio no fuera de nadie.

 

La razones por la que esto ocurre serán variadas y sin tratar de encontrar justificaciones, puedo decir que, con sorpresa, he tenido la oportunidad de encontrar proyectos en los cuales se le entrega merecida importancia espacial a las circulaciones, proyectos por los cuales habría que optar al momento de una compra o de un arriendo. Es que en una supuesta economía constructiva por levantar un muro menos o por obtener una exagerada rentabilidad -según mi apreciación, estrategia inmobiliaria equivocada- en el fondo, se traspasa a los habitantes de ese proyecto un gasto adicional e irresponsable, y de por vida, que es mantener iluminado artificialmente ese lugar en el día, por muy ilógico que parezca cuando se tiene una fuente de luz natural ahí mismo. Siendo esto un hecho, aún utilizando la mejor tecnología disponible, el caso es que siempre existirá un gasto energético obligado e imposible de evitar, por muy marginal que éste sea.

CONSUMO-ENERGIA-ELECTRICA

IMAGEN 1: Consumo de Energía Eléctrica. Gráfico extraído de Agencia Internacional de Energía (AIE) (Estadística de la AIE (c) OCDE/AIE, iea.org/stats/index.asp). Consultado el día 22 de agosto de 2017. Para más información ver aquí.

EFICIENCIA-ENERGETICA

IMAGEN 2: Gráfico reducción de consumo eléctrico en espacios comunes entre el año 2014 y año 2016. Elaboración propia.

CÓMO LOGRAR UN GASTO EFICIENTE

Se sabe que existe una gran evolución tecnológica en equipos de iluminación. Claramente el uso de tecnología LED y, en algunos casos, todavía la fluorescente por sus bajos consumos relativos, serían las más adecuadas cuando hablamos de obtener un gasto energético eficiente con un adecuado nivel de iluminación. Sin embargo, en la novedad y calidad también están los precios de adquisición. La pregunta es ¿qué sería lo más adecuado ante una situación dada? La respuesta es variable dependiendo de cada caso. Si el proyecto está en desarrollo y el presupuesto lo permite, está claro: tecnología LED y un proyecto eficiente. Pero si la situación es sobre un edificio existente y se quiere reducir el consumo, es distinto,  lo que explicaré con un caso real.

 

Se trata de edificio de viviendas de 11.000m2 construidos con 72 departamentos y salas comunes, todo distribuido en 10 pisos y ubicado en la comuna de Providencia. Su organización estaba planteada en base a circulaciones horizontales por piso con departamentos a ambos lados del pasillo. Los pasillos tienen forma de ele y un largo total de 37 metros; cuentan con dos ventanas de tamaño medio en los extremos. Además el edificio tiene dos subterráneos de estacionamientos para 128 autos. Es un diseño bastante habitual y de calidad estándar. En espacios comunes -que es lo que se analiza- el consumo eléctrico mensual promedio durante el año 2014 fue de 5.926Kw para el semestre de meses calurosos (1) y de 6.971Kw para el semestre de meses fríos (2) sin considerar, en ambos casos, el consumo por demanda máxima y demanda en hora punta. Del análisis efectuado en terreno y en planos, se desprendió que el consumo total por concepto de iluminación del edificio era equivalente al 67% en (1) y de 60% en (2) del consumo total, siendo el resto proveniente de las otras instalaciones habituales de un edificio como son la sala de bombas, ascensores, motores eléctricos, enchufes y otras iluminaciones de uso temporal. De la iluminación, el alumbrado de los subterráneos era la fuente de principal consumo equivalente al 78% y 75%. En cambio, la iluminación de pasillos y primer piso, representaban sólo entre el 22 y 25% del ítem.

 

Dado que renovar o actualizar el sistema de iluminación completo requería una inversión considerable, la acción se emprendió en el área de mayor consumo que ocurría en los subterráneos, tanto por cantidad de equipos instalados como por cantidad de horas de uso.

 

Los equipos instalados eran las típicas luminarias tipo canoa doble con lámparas fluorescentes T8 de 36 watt. La estrategia central fue reemplazar las lámparas por un tubo simple tecnología LED de 18watt de consumo, manteniendo la luminaria existente previa conversión y sin disminuir el confort visual existente. Se desestimó hacer reemplazo de las lámparas de circulaciones de los pisos superiores puesto que su alternativa LED, en ese momento, no permitía una disminución importante en el gasto energético en relación al costo de reposición. Se estimó como mejor solución gestionar eficientemente los encendidos y apagados para aprovechar mejor la luz natural disponible a través de las ventanas dispuestas en los extremos, aunque fuera una acción operador dependiente. En ese sentido, los golpes de encendido existentes en el edificio lo permitieron.

 

El resultado final fue que, al comparar los consumos del año 2014, previo al proyecto, con los del año 2016 se logró rebajar el consumo en un 41% promedio, lo que se tradujo en que la inversión realizada fuera recuperada en menos de un año. Aún así, debo decir que el proyecto pudo haberse complementado con otras estrategias proyectadas y que hubieran significado, todavía, mucha mayor eficiencia, pero que, por costo inicial de inversión, se dejaron para etapas posteriores.