El contenido de este texto se suma a las variables que se han expuesto en las entradas anteriores sobre la ubicación en un barrio y la orientación respecto al sol cuando decidimos vivir en un departamento. Ahora comentaré sobre qué consideraciones tener presente en cuanto a la contaminación acústica del entorno. Siendo Santiago una ciudad acústicamente contaminada, este tema aún es poco conocido, pero vale la pena informarse porque tiene importantes repercusiones directas en la calidad de vida del ser humano y también en el valor comercial de nuestras viviendas.
El avance tecnológico ha favorecido los procesos constructivos notablemente. Es cosa de mirar en la ciudad buenos ejemplos de edificios que así lo expresan. Incluso, en el desarrollo mismo de la construcción, llama la atención la velocidad de avance y el uso de altas tecnologías para obtener edificaciones muy equilibradas respecto a sus solicitaciones estructurales. Sin embargo, este logro, prevalece en la lógica constructiva con probable desmedro sobre otras variables arquitectónicas -no estructurales- referidas al confort interior. Una losa o muros de hormigón armado muy delgados o muros livianos sin gran masa, dejarán pasar ruido fácilmente si no están tratados adecuadamente, siendo éste un complicado tema por resolver de manera posterior.
Aunque en Chile algunos requerimientos de aislación acústica en viviendas se encuentran normados -no así el acondicionamiento acústico y otros aspectos muy importantes- nuestra realidad dista de países desarrollados en los cuales existe una clasificación acústica en función de su grado de comportamiento. El punto está en que, viviendo en departamentos de nuestra realidad, necesariamente se tendrá que convivir con los sonidos originados en otros pisos, con el ruido de los pasillos y con el ruido exterior de la ciudad. Por separado, veré cada punto según su importancia.
CONTAMINACIÓN ACÚSTICA EXTERIOR
Vivir en la ciudad presupone aceptar algún grado de contaminación acústica exterior. Las fuentes de contaminación están más que claras y llegar a conseguir un parque automotriz completamente eléctrico y con neumáticos que no emitan sonido es, por el momento, algo imposible. A su vez, tampoco se podría suponer una industria de la construcción silenciosa. Está demostrado que nuestra ciudad en mucha de su estructura vial y alrededores, supera con creces los límites recomendados como aceptables por la Organización Mundial de la Salud (WHO) de 55 decibeles (dB) para el día y 45 (db) para la noche como máximos (ver Mapa de Ruido de Santiago y conozca su situación). Es por esta razón que se vuelve fundamental que los elementos constructivos del contorno edificado entreguen una adecuada aislación que sea capaz de atenuar el ruido molesto hasta los decibeles recomendados, asunto que en la actualidad, no se encuentra reglamentado. Caso aparte sería tratar este tema desde el punto de vista urbano.
Suponiendo que gran parte de la aislación acústica necesaria estaría solucionada mediante los muros de la envolvente, el principal problema -no el único- se constituye en las filtraciones que se producen a través de las ventanas.
Hoy existe variedad de alternativas para ventanas. Algunos sistemas son más sofisticados que otros lo que se refleja también en sus precios. Principalmente, se debe buscar obtener sistemas ajustados con poca separación entre sus partes (baja o nula permeabilidad al aire). Esto es mucho más importante que el vidrio propiamente tal. Es común encontrarse con sistemas de ventanas con doble vidrio hermético, incluso con vidrios laminados “anti-ruido”, pero con comportamiento bajo lo ofrecido, debido que su sistema de perfilería no es suficientemente hermético. En este sentido, siempre serán mejores las ventanas abatibles y proyectantes muy por sobre las de sistema de corredera. Es cosa de hacer una prueba. Una ventana proyectante con vidrio simple, en general, será más hermética -por tanto, tendrá mejor comportamiento acústico- que una corredera, a pesar que ésta tenga doble vidrio hermético. Esto aplica para cualquier sistema existente en el mercado nacional, sea construido en PVC, aluminio, madera o mixto. Ahora bien, comparativamente, el sistema más débil desde el punto de vista acústico, es el de aluminio, pero es también el que tiene las líneas de producción más económicas. Las causas de esta debilidad son múltiples y no radican exclusivamente en el sistema. Ésta puede estar originada en una instalación incorrecta o en un vano irregular con desniveles demasiado pronunciados que el sistema no es capaz de absorber sin ver afectada su prestación. Es esencial revisar bien su cuadratura.
En cuanto a los cristales termo panel, o doble vidrio hermético, es necesario tener en cuenta que su conformación, en lo ideal, debiera estar diseñada para el entorno al cual ser verá enfrentado; esto es difícil de encontrar puesto que la fabricación está cada vez más industrializada hacia tipologías estandarizadas. Aun así, la posibilidad de implementar distintas soluciones según tantas situaciones existan en el proyecto, es factible y sería tema de voluntad. Los espesores de vidrios debieran responder no sólo respecto a su alto, ancho y presión del viento que debe soportar, sino también a un requerimiento técnico acústico. Por ejemplo, un doble vidrio hermético con el vidrio exterior más delgado que el interior y el interior con un espesor adecuado, absorberá mucho mejor las vibraciones acústicas del sonido exterior -lo que favorecerá su comportamiento global- que si tuviera ambos cristales del mismo espesor, como es usual encontrar. En este enlace, se puede obtener información de un producto de marca en aluminio que publica sus ensayos en laboratorio.
AISLACIÓN Y RUIDOS POR IMPACTO DEL PISO SUPERIOR
Este es el aspecto más difícil de tener completamente solucionado. Lograr aislación absoluta de una fuente emisora contigua, requiere de mucha tecnología y bastante presupuesto, cosa que probablemente no encontraremos en un departamento de nuestro medio inmobiliario. Sin embargo, tampoco es algo necesario para una vivienda. En general una losa de hormigón armado de espesor igual a 14 centímetros -que es algo habitual de encontrar- sin revestimiento de piso, tiene capacidad de reducir el ruido aéreo -una conversación por ejemplo- en 50 decibeles (dB). Es decir, si el ruido está siendo producido a 70 dB, en el recinto receptor y en términos simples e ideales, se escucharía un sonido atenuado a 20 dB en promedio. Esta atenuación sería bastante buena y generaría un ambiente de mucha tranquilidad. Por otro lado, si se produce un ruido por impacto, como caminar o como el producido por un objeto que cae sobre la misma losa, registraría el equivalente a 75 dB (según impacto normalizado). Pero, ¿cuánto de esto será perceptible realmente? Dependerá de la existencia, o no, de otras fuentes emisoras; sin quererlo, podemos estar en ambientes de mucha contaminación para notarlo. Por el contrario, si el espacio en el que nos encontramos es por naturaleza silencioso, notaremos cualquier sonido externo fácilmente.




